Quiénes somos


¿Quién fue el fundador de las Madres Cristianas Santa Mónica?

¿Qué tiene que ver Santa Mónica con la familia agustiniana?

¿Para qué sirve la oración?

Descargar:  Canta y Camina  No. 82  (pdf).

¿Qué es la Comunidad de Madres Cristianas Santa Mónica?
Es una Asociación Católica, es decir, una organización de madres cristianas reconocida por la autoridad eclesiástica y puesta bajo el cuidado, la guía y la espiritualidad de la Orden de Agustinos Recoletos.

¿Cuál es su finalidad?
Además de unir a las madres en oración por la fe de los hijos propios y ajenos, esta Asociación tiene como finalidad la formación continua y progresiva de sus afiliadas.

¿De dónde surge?
La asociación Madres Cristianas Santa Mónica nació en la parroquia de Santa Rita de Madrid en la década de los ochenta. Fue la respuesta que su fundador, el padre Lorenzo Infante, agustino recoleto, le dio a la inquietud planteada por un grupo de madres de esa parroquia: ¿qué podemos hacer ante la pérdida de la fe por parte de nuestros hijos? El P. Lorenzo les ayuda a superar esa preocupación mediante la oración personal y comunitaria, y mediante la propuesta de santa Mónica como modelo para las madres cristianas.

¿Quiénes pueden ingresar a esta Asociación?
Todas las madres biológicas o que hayan adoptado hijos. En algún caso también pueden pertenecer las “madrinas”. Pero sobre todo, es importante que tengan un deseo sincero de profundizar en la comprensión y vivencia de su fe, de diversas maneras según sus posibilidades.

¿Qué compromiso adquieren las madres afiliadas?
Aparte de la formación continua en la fe y el compromiso como mujer de fe, el principal compromiso de las Madres Cristianas es la oración diaria por los hijos propios y ajenos.

¿Cómo es la organización de esta Asociación?
La organización concreta de esta comunidad de madres cristianas se realiza en base a “coros de oración”.

¿Qué es un “Coro de Oración”?
Es la agrupación de siete madres cristianas que se inscriben y forman una célula viva de la Asociación. Los Coros de Oración se inspiran en el Evangelio: “Si en la tierra dos de ustedes unen sus voces para pedir cualquier cosa, estén seguros que mi Padre se la dará”. La oración de intercesión hecha a favor de los hijos une a las madres en una especie de “cadena de oración”. Así las peticiones son incesantes y se revisten del poder de la perseverancia.

¿Por qué siete?
Porque cada una elegirá un día de la semana, a fin de realizar ese día la oración por los hijos de una manera especial. Los estatutos establecen que se desplace al templo para visitar al Santísimo, o participar en la misa, rezando en un momento dado ante el Señor Sacramentado la oración por los hijos que todos los días reza en su casa. Esto no le exime de rezarla en su propia casa o donde quiera, como lo hace de costumbre. O sea, que ese día le corresponde a ella asegurar la oración intensiva y constante por los hijos, en nombre de las integrantes de su coro. Es “su” día. Le pertenece. En él plasmará de manera especial su compromiso en la Comunidad, y su amor a los hijos propios y ajenos.

¿Quién es la responsable del Coro de Oración?
De las siete madres que componen el coro, se nombra una que es la responsable o animadora del grupo: es la “miembro-enlace” del coro. Ella se encargará de que el Coro de Oración se mantenga unido, visitándose entre ellas, compartiendo preocupaciones. Por lo general, las integrantes del grupo se conocen entre ellas. No están obligadas a reunirse, pero son libres de hacerlo si lo consideran conveniente y con la frecuencia que les parezca.

¿Hay celebraciones?
En muchos de los ministerios de los agustinos recoletos, las madres están invitadas a la misa que se celebra los días 27 de cada mes en recuerdo de santa Mónica, para orar por sus necesidades y, en especial, por la fe de los hijos. Es una oportunidad excelente para reforzar el espíritu de corporación, para dar testimonio de las gracias obtenidas por intercesión de santa Mónica, para compartir experiencias y conocerse entre las integrantes, para que los asesores y coordinadoras den orientaciones precisas… En algunas parroquias ese día también se hace una hora santa.

¿Para ser Madre Cristiana es preciso ser feligresa de las parroquias dirigidas por los Agustinos Recoletos?
No. Sencillamente, basta que tengan alguna vinculación con nuestras comunidades religiosas, parroquias, colegios, feligresías o ministerios en general…

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Quién fue el fundador de las Madres Cristianas Santa Mónica?

Con breves pinceladas dibujaremos la personalidad humana y religiosa del padre Lorenzo Infante de la Torre, fundador de las Madres Cristianas Santa Mónica. Nació el año 1905 en un pueblo de Burgos, España. Profesó como religioso agustino recoleto el año 1921 en Monteagudo, Navarra. Ordenado sacerdote, cursó estudios superiores. Fue profesor en varios colegios de la Orden. Años más tarde salió de la Orden para atender a su madre que se hallaba en necesidad. Vivió 32 años como sacerdote secular. Al morir su madre pidió volver a la Orden, y se le concedió.

A partir del año 1976 se dedicó al apostolado en la Parroquia de Santa Rita de Madrid hasta 1985. Durante este tiempo fue gestándose lo que hoy se conoce como la Asociación de Madres Cristianas: se organizaron los primeros coros entre las hermanas terciarias en 1982, se solicitó cuatro años mas tarde al arzobispo de Madrid el reconocimiento canónico, y finalmente en 1987 salió el decreto de erección.

El padre Lorenzo murió a los 91 años en Valladolid, el 23 de marzo de 1997. Se distinguió por su amor a la Orden, incluso durante el tiempo que vivió fuera de la misma, por circunstancias especiales y para atender a su madre anciana y enferma.

Fue muy devoto de la Santísima Virgen a quien rezaba diariamente las tres partes del rosario. Religioso observante y celoso de la salvación de las almas.

Dios le inspiró la fundación de las Madres Cristianas Santa Mónica y le concedió contemplar agradecido la rápida difusión de la Asociación por muchos pueblos y ciudades de la geografía española y aun por el extranjero.

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¿Dónde se inspira esta Comunidad de Madres Cristianas? ¿Desde cuándo existe esta espiritualidad en la Iglesia Católica?

Aunque formalmente la Asociación se erige el año 1987, en Madrid, su espiritualidad pertenece de siempre a la familia agustiniana. Pero ¿qué entendemos por espiritualidad? En pocas palabras: es una forma o estilo concreto de vivir el Evangelio.

En nuestro caso se trata del estilo de san Agustín. Hay santos que han tenido la capacidad de transmitir a los hombres de su tiempo su peculiar modo de entender y de vivir el Evangelio. San Agustín lo hizo a través de la predicación, las obras escritas, y de las fundaciones de conventos o comunidades: además, a través de las disposiciones, como por ejemplo la Regla monástica, que dejó para que fuera observada por los monjes y las religiosas...

De esta forma, la fuerza del Espíritu creó a través de san Agustín una corriente de vida espiritual extraída del mismo Evangelio que, brotando de su misma persona, llega, a través de sus seguidores, hasta nuestros días.

Los hijos espirituales de san Agustín forman la gran familia agustiniana, que está conformada por diversas órdenes religiosas y congregaciones tanto de hombres como de mujeres y también por asociaciones de laicos o fieles seglares.

En Venezuela, san Agustín y su herencia espiritual están presentes desde la primera evangelización, ya que los misioneros agustinos participaron en ella de manera muy significativa. En la actualidad san Agustín está presente en sus hijos que pertenecen a diversas órdenes y congregaciones, pero con un mismo espíritu de familia. Entre ellos, los Agustinos Recoletos.

¿Qué tiene que ver santa Mónica con la familia agustiniana?

Pues muchísimo; porque en ese torrente espiritual que brota de san Agustín adquiere personalidad propia su madre santa Mónica, primero por madre y después por santa. San Agustín y santa Mónica son inseparables. No se da el uno sin el otro. Si Agustín recibió casi todo a través de su madre, santa Mónica, también es verdad que san Agustín contribuyó poderosamente a esclarecer e inmortalizar la figura de su madre y en particular su santidad.

De hecho san Agustín habla de ella en su predicación y sus escritos con un respeto tal, delicadeza y altura espiritual que, quizás sin pretenderlo, retrata el verdadero modelo de toda mujer cristiana en su condición de esposa y de madre. Es decir, retrata la “espiritualidad” de una esposa y madre verdaderamente cristiana. La vocación de toda mujer esposa y madre cristiana en cualquier tiempo y lugar.

Efectivamente, san Agustín no se puede entender sin santa Mónica, su madre. Ella tiene una importancia fundamental en la fe cristiana de Agustín, a lo largo de toda su vida. De tal forma que santa Mónica constituye el camino más directo por el que Agustín llega a conocer a Cristo y a vivir el Evangelio.

De hecho, santa Mónica hizo signar a su hijo Agustín, recién nacido, con la señal de la cruz y mandó aplicarle la sal, conforme se acostumbraba en su tiempo. Ambos gestos constituían el primer rito del sacramento del bautismo. Después, durante toda su vida siguió muy de cerca los pasos azarosos de su inquieto y querido hijo. Agustín reconoció agradecido la bondad y generosidad de su madre que le había dado a luz, no sólo en cuanto al cuerpo sino también en el espíritu, en cuanto a la vida eterna.

San Agustín escribe: “No tengo palabras para expresar el amor tiernísimo que me tenía y cuánto mayor y más angustioso era el cuidado que tenía de procurar para mi alma el ser y la vida de la gracia que el que tuvo para darme a la luz del mundo”.

Más aun: seguro de la influencia espiritual de su madre, le reconoce su conversión, y le encomienda todos sus planes y aspiraciones santas una vez bautizado. “A ti sobre todo, Madre, te encomendamos este negocio –el de la consagración religiosa-, pues creo y afirmo sin vacilación que por tus ruegos me ha dado Dios el deseo de consagrarme a la investigación de la verdad sin preferir nada a este ideal, sin desear ni buscar otra cosa, y mantengo la confianza de que esta gracia tan grande, cuyo deseo arde en nosotros por tus méritos, la hemos de conseguir igualmente por tus ruegos”.

Santa Mónica fue su primera maestra, y por sobre todo la madre buena, a quien el hijo agradecido presenta ante todas las madres, para todos los hijos, como la madre de la bondad y del heroísmo.

Por tanto, no es en absoluto exagerado afirmar que sin la “madre” santa Mónica no tendríamos al Agustín “hijo”, también santo. Ambas figuras se complementan. Forman como un todo realmente indivisible.

Por eso no es nada extraño ni casual que la familia agustiniana haya venerado siempre a santa Mónica de una forma especial. La espiritualidad agustiniana no se acaba, pues, con san Agustín sino que abarca también a santa Mónica. De ahí que siempre se haya propuesto a santa Mónica como modelo para las esposas y las madres cristianas.

La figura de santa Mónica ha estado presente en la predicación y en el apostolado de la Familia agustiniana de todos los tiempos. Incluso en la misma Orden encontramos como una réplica actualizada de santa Mónica: la admirable y polifacética santa Rita de Casia, modelo de esposas y de madres cristianas, y además de religiosas.

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¿Se justifica una asociación de laicos sólo para rezar? ¿Tan importante y trascendental es la oración en la vida cristiana?

Para san Agustín la oración constituye el centro de la vida cristiana. Su modo de entender y de vivir el Evangelio es básicamente espiritual y oracional. Uno de los principios iluminadores de su pensamiento y de su vida cristiana lo constituye aquella confesión que reza así: “Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón estará siempre inquieto hasta que descanse en ti”.

Es decir, para Agustín, el hombre no se entiende sino desde Dios, en Dios y para Dios. Pero esta verdad no es sólo una lógica y fría constatación, sino una confesión de fe, agradecida y jubilosa. Este reconocimiento afectivo hace al hombre feliz, porque compromete todo su ser, desde la cabeza hasta los pies, pasando por el corazón y por los sentimientos más profundos. Esta “religación esencial” del hombre con Dios se expande en la oración. Por ella el hombre clama constantemente a Dios en las más diversas situaciones.

Por eso, existen muchas clases de oración: tantas como situaciones existenciales. Hay oración de súplica, de perdón, de acción de gracias, de intercesión, de alabanza…


¿Para qué sirve la oración? ¿A quién beneficia la oración?

Podemos afirmar que la oración constante por los hijos proporciona a la madre cristiana la visión de Dios sobre ellos. Gracias a la oración perseverante y humilde, la madre cristiana comprenderá que los hijos que Dios le ha dado son más de Dios que suyos, que Él los ama más que ella, que Él sufre por ellos más que ella… Ella de Dios los recibe, y a Dios debe encaminarlos como a su Dueño y Señor, en quien todos somos hermanos y en quien un día todos descansaremos y viviremos para siempre felices en familia, en comunidad.

Aun siendo verdadera madre, ella no se considera dueña absoluta de nada, y menos de nadie. Se reconoce sólo “administradora”. Por eso, se le pide fidelidad… esperanza en Dios, el verdadero Dueño de todo, y también se le pide descanso en Él, pues Él lleva todas las preocupaciones… incluidas las de su hogar. Al fin y al cabo Dios es la fuente de toda familia en el cielo y en la tierra.

Por tanto, las Madres Cristianas son liberadas por Dios de la ansiedad, de la hipertensión, de la depresión, de la soledad… y de todos los sentimientos y actitudes negativas que podrían dañarles mortalmente. La oración que hacen, antes que a los hijos, les beneficia a ellas. Incluso, podríamos decir que les ayudará a los hijos en la misma medida en que afecte positivamente a las madres, en primer lugar, y las cambie a ellas de verdad.

Así, pues, el primer fruto de la oración recae sobre el mismo orante, pues le permite sintonizar con la voluntad de Dios. Ella produce el cambio de mentalidad. En el caso de las madres y esposas la oración les ayuda a ver a sus esposos e hijos como Dios los ve. Les abre la mente y el corazón para comprenderlos y amarlos como Dios los comprende y los ama; y también como Dios las comprende y ama a ellas. Si cambia la madre orante, seguramente los hijos, por los que ora, cambiarán también. Dios se encargará de hacerles ver el amor de sus madres, deudor del divino, y al que no podrán oponerse por mucho tiempo, ni menos radicalmente y para siempre.
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