¿Para qué sirve la oración?

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¿Se justifica una asociación de laicos sólo para rezar? ¿Tan importante y trascendental es la oración en la vida cristiana?

Para san Agustín la oración constituye el centro de la vida cristiana. Su modo de entender y de vivir el Evangelio es básicamente espiritual y oracional. Uno de los principios iluminadores de su pensamiento y de su vida cristiana lo constituye aquella confesión que reza así: “Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón estará siempre inquieto hasta que descanse en ti”.

Es decir, para Agustín, el hombre no se entiende sino desde Dios, en Dios y para Dios. Pero esta verdad no es sólo una lógica y fría constatación, sino una confesión de fe, agradecida y jubilosa. Este reconocimiento afectivo hace al hombre feliz, porque compromete todo su ser, desde la cabeza hasta los pies, pasando por el corazón y por los sentimientos más profundos. Esta “religación esencial” del hombre con Dios se expande en la oración. Por ella el hombre clama constantemente a Dios en las más diversas situaciones.

Por eso, existen muchas clases de oración: tantas como situaciones existenciales. Hay oración de súplica, de perdón, de acción de gracias, de intercesión, de alabanza…


¿Para qué sirve la oración? ¿A quién beneficia la oración?

Podemos afirmar que la oración constante por los hijos proporciona a la madre cristiana la visión de Dios sobre ellos. Gracias a la oración perseverante y humilde, la madre cristiana comprenderá que los hijos que Dios le ha dado son más de Dios que suyos, que Él los ama más que ella, que Él sufre por ellos más que ella… Ella de Dios los recibe, y a Dios debe encaminarlos como a su Dueño y Señor, en quien todos somos hermanos y en quien un día todos descansaremos y viviremos para siempre felices en familia, en comunidad.

Aun siendo verdadera madre, ella no se considera dueña absoluta de nada, y menos de nadie. Se reconoce sólo “administradora”. Por eso, se le pide fidelidad… esperanza en Dios, el verdadero Dueño de todo, y también se le pide descanso en Él, pues Él lleva todas las preocupaciones… incluidas las de su hogar. Al fin y al cabo Dios es la fuente de toda familia en el cielo y en la tierra.

Por tanto, las Madres Cristianas son liberadas por Dios de la ansiedad, de la hipertensión, de la depresión, de la soledad… y de todos los sentimientos y actitudes negativas que podrían dañarles mortalmente. La oración que hacen, antes que a los hijos, les beneficia a ellas. Incluso, podríamos decir que les ayudará a los hijos en la misma medida en que afecte positivamente a las madres, en primer lugar, y las cambie a ellas de verdad.

Así, pues, el primer fruto de la oración recae sobre el mismo orante, pues le permite sintonizar con la voluntad de Dios. Ella produce el cambio de mentalidad. En el caso de las madres y esposas la oración les ayuda a ver a sus esposos e hijos como Dios los ve. Les abre la mente y el corazón para comprenderlos y amarlos como Dios los comprende y los ama; y también como Dios las comprende y ama a ellas. Si cambia la madre orante, seguramente los hijos, por los que ora, cambiarán también. Dios se encargará de hacerles ver el amor de sus madres, deudor del divino, y al que no podrán oponerse por mucho tiempo, ni menos radicalmente y para siempre.

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