Mensaje del Cardenal Jorge Urosa Savino para la Cuaresma 2013, Año de la Fe


Con la Misa de imposición de las cenizas hemos iniciado la Cuaresma. En este tiempo litúrgico Dios nos llama a fortalecer y renovar nuestra vida cristiana, a convertirnos, es decir a ser mejores cristianos, en preparación a la Semana Santa y a la Pascua, conmemoración de la pasión, muerte y gloriosa resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

Esta Cuaresma reviste especial importancia, pues tiene lugar en el AÑO DE LA FE, convocado por el Papa Benedicto XVI para invitarnos a todos los católicos del mundo, a toda la Iglesia, a convertirnos y profundizar la fe, a renovarla y fortalecerla; a confesarla, vivirla, celebrarla y anunciarla con gran fuerza.

AÑO DE CONVERSION Y RENOVACION DE LA FE

El Año de la Fe comenzó el pasado 11 de octubre de 2012, en el quincuagésimo aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, y terminará en la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, el 24 de noviembre de 2013. Su objetivo es fortalecer la fe de cada uno de nosotros, los católicos, de la Iglesia toda, y animarnos a anunciarla con mayor ardor.

En su homilía de la Misa de apertura del Año de la Fe, nos dice el Papa que este Año es necesario. Y nos dice por qué: “En estos decenios ha aumentado la «desertificación» espiritual...Se ha difundido el vacío. Se ha producido una desertificación”…

El Papa nos advierte así sobre el avance del “desierto de la irreligiosidad” sobre los campos de la humanidad. Esta es una realidad en el mundo moderno, que quiere rebelarse contra Dios, o dejarlo a un lado con indiferencia. Y es realidad entre nosotros, en nuestra querida Caracas, donde hay tantas personas que no conocen a Dios, e incluso hay creyentes que se han enfriado en la vivencia de su fe. Estamos sometidos a la arremetida de la anticultura de la muerte y la violencia, del secularismo, del materialismo y el erotismo, de la indiferencia religiosa, que ponen el centro de la vida de las personas y de la sociedad en la afirmación de la autosuficiencia del ser humano sin Dios, en los placeres, en el culto al dinero. Y lamentablemente, - es bueno que hagamos un examen personal de conciencia, - también nosotros podemos estar contaminados por esas corrientes malsanas.

Con toda humildad, pues, acojamos personalmente la apremiante invitación que nos hace el Santo Padre a convertirnos, a renovarnos, a crecer en el fervor y en la práctica religiosa y a vivir mejor nuestra fe. Sintámonos cada día más alegres, contentos, orgullosos de nuestra identidad católica, de nuestra gloriosa condición cristiana de hijos de Dios, discípulos y hermanos de Jesucristo, y miembros de nuestra Santa Iglesia Católica.

ESCUCHAR Y CUMPLIR LA PALABRA DE DIOS

A valorar más y a vivir mejor nuestra fe, nos ayuda el luminoso ejemplo de la Santísima Virgen María, que mereció esta hermosa alabanza: “Dichosa tú que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá” (Cfr. Lc 1, 39-47).

Siguiendo el ejemplo de María acojamos con la mente y el corazón la Palabra de Dios; atendamos el llamado del Señor a convertirnos es decir, a dejar a un lado la frialdad religiosa, a acercarnos más a Dios, a vivir de acuerdo a su Palabra, de acuerdo a las exigencias de la Fe. Precisamente la Cuaresma es un tiempo propicio para lograr ese fin. Dejemos a un lado todo lo que nos aparte de Dios, y vivamos siempre de acuerdo a su palabra, cumpliendo sus santos mandamiento, que son senderos que nos llevan a la felicidad: ¡”Felices los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen”! (Lc 11, 28).

Los invito pues a manifestar y alimentar nuestra fe de manera más intensa en esta Cuaresma, que debe estar marcada por la intensificación de la oración, la penitencia y las obras de caridad. Leamos diariamente la Palabra de Dios; participemos asiduamente en la Santa Misa dominical, aún entre semana; acerquémonos a los Santos Sacramentos de la Reconciliación y la Eucaristía; multipliquemos los actos de piedad: oración personal, rezo del Santo Rosario, y del Via Crucis. Hagamos penitencia, sacrificando algunos gustos personales, y observemos los días de abstinencia y ayuno. De esa manera fortaleceremos nuestra fe. Así nos prepararemos para celebrar con un corazón nuevo y una fe más intensa la pasión, muerte y gloriosa resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

LA FRATERNIDAD CRISTIANA

Abrámonos a nuestros hermanos con el perdón, la bondad y la ayuda concreta de obras de caridad, pues debemos manifestar la fe en la caridad viva y operativa, en el amor al prójimo, en la solidaridad con los hermanos y con todos los seres humanos. Rechacemos todo tipo de violencia: en el hogar, en la comunidad, en la vida social, en el ámbito político. Pidamos a Dios Nuestro Señor, y exijamos a los funcionarios del Estado que, con medidas adecuadas, cese la violencia en las cárceles, que ha producido ya tantos muertos.

Precisamente en la línea de la caridad fraterna se inspira la Campaña Compartir, dispuesta por la Conferencia Episcopal Venezolana, que nos invita a amar al prójimo y a ser generosos con nuestros hermanos, rechazando así el odio, el egoísmo, la indiferencia. Este año, la Colecta Compartir en Caracas tendrá como objetivo apoyar programas y obras de la Iglesia – en parroquias, vicarías de religiosas, hogares de niños o ancianos -, dedicadas a la salud. ¡Seamos generosos con los menos favorecidos!

CONCLUSION

Queridos hermanos: En esta Cuaresma del Año de la Fe acojamos el llamado del Señor, reiterado ahora por el Papa Benedicto XVI, a convertirnos, a ser mejores creyentes, a vivir de verdad de acuerdo a la fe que profesamos. Sintamos la alegría de poseer la luz de Cristo. Agradezcamos el inmenso don, la inmensa gracia de la Fe recibida en el Bautismo. Ella es un tesoro maravilloso, fuente de gozo, y camino hacia la eterna felicidad.

Los invito de corazón a crecer en la fe, y a unirnos cada vez más a Jesucristo, nuestro Salvador Resucitado que es el Camino, La Verdad y la Vida, el único en quien tenemos la el perdón de los pecados y la salvación.. Nos ayude a ello la maternal intercesión de la Patrona de Caracas y de Venezuela, Nuestra Señora de Coromoto. Amén

Con mi afectuosa bendición episcopal,
+Cardenal Jorge Urosa Savino, Arzobispo de Caracas

13 de febrero de 2013

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