Saludo del P. Ismael Ojeda, enero 2013

Queridas Madres Cristianas Santa Mónica de Venezuela:

Es mi primer saludo de este nuevo año. Vayan con él los mejores deseos de paz y felicidad, personal y familiar. Que las vicisitudes que atravesamos nos sirvan para reforzar los lazos familiares y nuestra relación con Dios.

Estamos, hermanas, en el Año de la Fe. Han pasado ya tres meses. ¿Qué estamos haciendo de especial? Personalmente creo que es una ocasión providencial para renovar la misión de las madres mónicas: Transmitir la fe a los hijos y consagrar la familia al Señor. Para conseguir esa finalidad, les propongo seguir de cerca las iniciativas que organicen las parroquias y los movimientos apostólicos.

Por mi parte, les recuerdo el kerigma o el anuncio de salvación de su matrimonio: A ti, esposa y madre mónica, Dios te ama tanto que te ha entregado un esposo, y padre de sus hijos, como propiedad exclusiva y para siempre. Es decir, para el Señor eres tan importante que toda la vida de tu marido y todas las atenciones que te pueda proporcionar son demasiado poco para que tú experimentes el infinito amor que Dios te tiene. Esa es la buena noticia para ti de parte del Señor. Y tú debes hacer lo mismo con tu esposo y padre de sus hijos.

Además, Dios te concede los carismas o dones especiales que necesitas para cumplir esa misión de esposa y de madre: ternura y delicadeza, paciencia y perdón, fortaleza y fidelidad, constancia y amor a la vida. En fin, serás un sol que brilla en tu casa bien arreglada y fuego que abriga el hogar y da sentido de pertenencia a sus integrantes.

De esta manera, el Espíritu de Dios te habla al corazón, primero para consolarte, y después para que seas capaz de acoger a tu esposo y a tus hijos, comprenderlos, estimularlos al bien... construyendo así la comunidad matrimonial. Un oasis de amor y de paz en medio del mundo que sea, nada más pero tampoco nada menos, que la antesala y la anticipación del cielo en la tierra.

¿Qué te parece este programa, esta misión? ¿Maravillosa, no? Aunque demasiado grande, o mejor imposible de realizar con tus solas fuerzas. Por eso, necesitas de Dios, y él te ayudará: Mándame, Señor, lo que quieras y dame lo que me pides o esperas de mí. Esto lo escribió san Agustín, pero es muy probable que se lo enseñara santa Mónica, su madre.

Bien, suficiente. Un abrazo y hasta pronto. Dios proteja tu hogar. Con estima personal, p. Ismael

30 de enero de 2013

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