Domingo de Resurrección


Juan 20, 1-9


Ved qué alegría, hermanos míos;
alegría por vuestra asistencia,
alegría de cantar salmos e himnos,
alegría de recordar la pasión y resurrección de Cristo,
alegría de esperar la vida futura.
Si el simple esperarla nos causa tanta alegría,
¿qué será el poseerla?
Cuando estos días escuchamos el Aleluya,
¡cómo se transforma el espíritu!
¿No es como si gustáramos un algo de aquella ciudad celestial?
Si estos días nos producen tan grande alegría,
¿qué sucederá cuando se nos diga:
Venid, benditos de mi Padre; recibid el reino;
cuando todos los santos se encuentren reunidos,
cuando se encuentren allí quienes no se conocían de antes,
y se reconozcan quienes se conocían;
allí donde la compañía será tal
que nunca se perderá un amigo
ni se temerá un enemigo?
Henos, pues, proclamando el Aleluya:
es cosa buena y alegre, llena de gozo, de placer, de suavidad.
San Agustín (Sermón 229 B, 2)

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04 de abril de 2010

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