Paz en la Tierra: Solidaridad y lucha contra la violencia

Mensaje de Navidad de de Mons. Jorge L. Urosa Savino, Cardenal Arzobispo de Caracas

A los venerables sacerdotes y diáconos, a las religiosas y religiosos, y a todos los fieles de la Arquidiócesis de Caracas: Salud y paz en el Señor. Amadísimos hermanos:

Gloria a Dios y paz a los hombres 

1.  Aún en medio de la calamidad pública causada por las lluvias, dentro de pocos días tendremos el consuelo de conmemorar religiosamente el nacimiento de Jesús, el Niño Dios, nuestro Divino Salvador, a quien proclamamos verdadero Dios y verdadero hombre. Dios se hizo semejante en todo a nosotros, menos en el pecado, y compartió el sufrimiento y el dolor humano, para traernos la paz y la salvación: “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor” (Lc 2, 14). Cristo viene a glorificar a su Padre celestial, y a enseñarnos a glorificarlo con una vida santa; Cristo viene a traernos la paz, y a convertirnos a cada uno de nosotros, los seres humanos, en constructores de la paz.

Recibir y comunicar la paz de Dios 

2.  Celebrar la Navidad nos lleva pues, en primer lugar, a intensificar nuestra fe, nuestra vivencia religiosa, nuestra unión con Dios. La Navidad nos muestra la inmensidad del amor de Dios a la humanidad, y nos llama a corresponder a su amor, y a amarlo por sobre todas las cosas, cumpliendo sus Diez Mandamientos, que son los caminos hacia la auténtica felicidad. Pero además, la Navidad debe hacernos sentir el gozo de vivir en paz y de trabajar incansablemente por la paz. Para vivir en paz hemos de ser fieles seguidores de Cristo cumpliendo, repito, los Diez Mandamientos de la Ley de Dios, viviendo el Evangelio de Jesús. Esto implica también que seamos constructores de la paz, recordando la enseñanza y promesa del Señor: “Felices los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados “hijos de Dios” ( Mt. 5,9).

3.  Trabajar por la paz implica que no nos dejemos llevar jamás por la ira y la violencia, el odio y el rencor, el egoísmo y la indiferencia. Trabajar por la paz implica la solidaridad, y ayudar efectivamente a los damnificados. Reitero el llamado hecho recientemente en nuestro comunicado del 5 de diciembre a trabajar con generosidad y eficacia para ayudar a los afectados por las lluvias. Una vez que se supere la primera etapa de la emergencia hemos de continuar apoyando a los damnificados. Pero además, habrá que realizar un gran trabajo de reconstrucción de las zonas afectadas y resolver los problemas de alimentación, vivienda y vialidad. ¡Pongamos todos nuestro granito de arena!

4.  Tenemos además otro campo de trabajo por la paz. La violencia se sigue extendiendo entre nosotros y se manifiesta en una delincuencia agresiva, asesina y cruel. Ante esa realidad estamos llamados a practicar y promover la convivencia, la tolerancia, el respeto a los demás, el perdón, el rechazo al odio y al rencor. Como constructores de la paz estamos llamados a la promoción y defensa de la persona humana, de la vida, de los derechos humanos que a todos nos pertenecen y que están consagrados en la Constitución.

5.  En las familias, y las escuelas, en las parroquias, vicarías y comunidades cristianas, en las diversas agrupaciones sociales: todos los católicos de Caracas hemos de ser promotores permanentes de la vida. Todos hemos de luchar contra la anticultura de la muerte que se manifiesta en la droga y en el odio, en esa delincuencia que baña de sangre las calles de nuestra querida Caracas. Hemos de ser promotores de la convivencia social y del respeto a los demás, de la solidaridad y la ayuda fraterna.

6. Esta obligación de trabajar por la paz y luchar contra la violencia incumbe a todos los cristianos independientemente de su simpatía política, pero de manera particular a los funcionarios del Estado, que tienen el mandato constitucional de garantizar nuestra seguridad personal y patrimonial. Los invitamos, los urgimos, a cumplir con esa obligación.

Celebración de la Navidad 

7.  Mis queridos hermanos: Celebremos el cumpleaños de Nuestro Señor Jesucristo con una actitud realmente cristiana, descartando de nuestras vidas la indiferencia religiosa, la superstición, la santería, las falsas creencias en esa patraña del inexistente “espíritu de la Navidad”. Los invito, pues, como hicieron San José y la Virgen María, los Pastores y los Reyes Magos, a reafirmar nuestra fe en Jesucristo, nuestro Salvador y Redentor, el único que nos puede dar la salvación y la auténtica felicidad.

8.  Les recuerdo a todos el privilegio y la obligación de participar en la celebración de la Santa Misa en Navidad, el 25 de diciembre y el 1 de Enero, solemnidad de Santa María, Madre de Dios. Estos son días grandes, solemnes, de fiesta y de precepto, en los cuales estamos llamados a participar en la Eucaristía. Recibamos los sacramentos de la reconciliación y la comunión, como expresión de nuestra voluntad de vivir de acuerdo a la Palabra de Dios. ¡Abramos nuestros corazones a los hermanos que se encuentran damnificados! ¡Y reafirmemos nuestra voluntad de trabajar por la paz, practicando la solidaridad y promoviendo la convivencia social, en contra de toda violencia!

Conclusión 

9.  A todos Ustedes, mis queridos hermanos y feligreses de esta Arquidiócesis de Caracas les envío un afectuoso mensaje de aliento y esperanza. Especialmente recuerdo y oro por los afectados por las recientes lluvias, por quienes han sufrido un duelo reciente, por los presos y los enfermos, por todos los que se sienten solos y afligidos. ¡Dios es amor! El está con nosotros en Jesús, el Emmanuel, nuestro Divino Salvador. Que Él derrame sobre Ustedes su gracia y felicidad en esta Navidad y les conceda abundantes bendiciones celestiales y materiales en el año 2011.

+Jorge L. Urosa Savino
Cardenal Arzobispo de Caracas

Caracas 12 de diciembre de 2010
Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe

20 de diciembre de 2010

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