Regina Cæli comentado


Fue el Papa Benedicto XIV quien estableció, en 1742, que durante el tiempo Pascual se sustituyera el rezo del Ángelus por la antífona "Regina Cæli".

Tomado del Blog del P. Ismael Ojeda

Reina del Cielo, alégrate, aleluya.

Alégrate, María, porque Dios está definitivamente prendado de tu belleza y santidad. Eres su obra maravillosa, la llena de gracia. Dios Padre bendice y corona a María porque todas las expectativas que proyectaba sobre ella han sido plenamente cumplidas. Alégrate, María, aleluya. Y alaba a tu Dios porque ha hecho obras grandes en ti.

Porque el Señor, a quien has merecido llevar, aleluya.

Vive el Señor, a quien has merecido llevar: primero por la fe en tu mente; y después en tu seno, Virgen María. Aleluya.

María ha vivido la intimidad más delicada y tierna con el Hijo de Dios concebido en su seno por obra del Espíritu Santo. Una experiencia inimaginable, que ni ojo puede ver, ni oído oír, ni puede venir a mente humana algo parecido. El Hijo unigénito de Dios ha concedido a María la con naturalidad de cumplir la voluntad del Padre creador.

Ninguna posibilidad de gracia venida del Padre ha sido despreciada o frustrada en María, gracias a la comunión que se le ha concedido experimentar con el que habita en el seno del Padre “comiendo” su voluntad, con el que es el Rostro de Dios, la Imagen del Padre. En definitiva, con el que es su propio hijo. Por eso, ahora en el cielo, el Hijo de María corona a su Madre como Reina y Señora del universo, de cuanto fue creado y recreado en Cristo.

Ha resucitado, según su palabra, aleluya.

La Virgen María ha sido habitada por el Poder de Dios. El Espíritu de Dios ha venido sobre toda su persona, sobre todo su ser hasta hacer su morada en ella. El Espíritu ha estado guiando sus pensamientos y acciones durante toda su existencia. Gracias al Espíritu María ha colaborado en la obra de la salvación como nadie.

Verdaderamente, Dios, por su Espíritu, ha estado grande con ella: ha concebido al Hijo de Dios, y lo ha acompañado en toda la gesta de la salvación, pasando por su muerte y resurrección. Ella, llena del Espíritu, ha mantenido la fe de los discípulos hasta el día de Pentecostés. Ella es Madre de la Iglesia. Y su misión continúa en el cielo intercediendo por los hijos de la Iglesia.

Ruega al Señor por nosotros, aleluya.
Goza y alégrate, Virgen María, aleluya.
Porque verdaderamente ha resucitado el Señor, aleluya.


OREMOS

Oh Dios, que mediante la resurrección de tu Hijo Jesucristo, te has dignado alegrar al mundo; concédenos, por la intercesión de la Virgen María, alcanzar los gozos de la vida eterna. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

(Imagen: http://www.iconografo.cl/)

04 de mayo de 2010

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