Pinceladas de Espiritualidad Pascual


Tomado del Blog del P. Ismael Ojeda

Apreciada hermana, estimado hermano: Día a día tratamos de interiorizar los misterios de la muerte y resurrección del Señor. Después de la purificación cuaresmal, la Iglesia está más abierta a la acción del Espíritu para asimilar la victoria de Cristo.

Toda la Iglesia se viste de fiesta para salir al encuentro del Señor, como esposa que se adorna para su esposo. La salvación está ya realizada en Cristo. Sólo queda, asimilarla.

En la Pascua se inaugura el tiempo del Espíritu, el tiempo de la Iglesia. Cristo ya ha culminado su carrera, obedeciendo hasta la muerte en Cruz. Nos amó hasta el extremo ya que el Padre nos había puesto en sus manos. De esta manera ha glorificado al Padre. Ahora éste lo ha glorificado haciéndolo Salvador de los hombres.

¿Cómo? Derramando el Espíritu de su Hijo sobre todos los que creen en él. Ya en el antiguo Testamento el Padre había prometido el Espíritu, y Jesús lo había prometido antes de morir: Os habéis entristecido porque os he dicho que me voy; pero no os dejaré huérfanos. En verdad, os conviene que yo me vaya, porque si no me voy no vendrá a vosotros el Espíritu. Pero si me voy, os lo enviaré. El Padre os lo dará.

El Espíritu se encargará de recordarles a los discípulos toda la existencia de Jesús, releyéndola a la luz de la muerte y resurrección. Toda la Escritura alcanza así un sentido pleno en la fe de los discípulos. Nace la Iglesia, lentamente, pero con una fuerza arrolladora. No hay marcha atrás. Id por todo el mundo y hablad a todas las gentes.

Y los discípulos comienzan a dar testimonio de que Jesús está vivo. Tan vivo que ellos poseen el mismo poder de Jesús en sus palabras y también en sus obras, pues realizan milagros y hechos portentosos en su nombre. Toda la gente quedaba admirada y se convertían al Señor.

La fe en el Resucitado era tan manifiesta como profunda. No podía ser contenida ni mucho menos retenida en el templo interior de los discípulos. Éstos daban testimonio inequívoco sobre Jesús con mucha valentía, aplomo, convicción, esperanza: con la seguridad de la victoria definitiva. No les importaban los sufrimientos. Estaban en el mundo, se consideraban ciudadanos de la sociedad, pero no eran del mundo. Lo que importaba era anunciar a Cristo, y además anunciarlo a todas las gentes.

Lo más granado de Israel, gracias al Espíritu, daba a luz al nuevo Israel que abarcaba a todos los pueblos. Dios daba el Espíritu a todos, sin distinción: a todo el que crea.

El Espíritu transforma a la persona y anima a la comunidad repartiendo carismas para el crecimiento de la misma. Él está haciendo nuevas todas las cosas en Cristo. Por eso, en Pascua no hay lecturas del antiguo Testamento. Se lee el libro de los Hechos de los Apóstoles, la historia de las primeras comunidades, su nacimiento y su desarrollo por virtud de la animación del Espíritu de Cristo presente en ellas y en cada creyente.

Se proclama el evangelio de san Juan, el más “pascual” porque Dios es quien dirige los destinos del mundo y nada está perdido. Se abre paso con toda justicia el Reino de la luz, de la verdad y del amor. La gloria de Dios abraza al mundo entero.

La comunidad evangelizada, evangeliza y celebra. La Iglesia hace la eucaristía y ésta hace a la Iglesia. La constituye como signo de salvación para todos los hombres. La eucaristía es culmen de la Iglesia, todo se orienta hacia ella y en ella desemboca. Y de la cena del Señor la Iglesia extrae las fuerzas para evangelizar, ella misma se hace Evangelio prestándole a Cristo un rostro transfigurado y esplendoroso.

Según esto, hermana, hermano, conforme va avanzando el tiempo pascual debes ir creciendo en la fe en Cristo, siendo un testigo más convencido y valiente. Segundo, deberías apreciar más la eucaristía y tratar de experimentarla como el centro de tu vida. Tercero, debes abrirte a la acción del Espíritu para secundar sus inspiraciones. Irás recibiendo, casi sin darte cuenta, una experiencia más viva de su poder transformador.

Y finalmente, irás notando mayor capacidad para comprender el misterio de la Santísima Trinidad y mayor experiencia del papel y de la acción de cada una de las tres divinas personas en tu vida. Ánimo, hermanos, pues hay que llegar hasta el final, porque mayores cosas veréis, dice el Señor. Amén.


29 de abril de 2010

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