San Agustín: Tenéis a Cristo sentado en el cielo y mendigo en la tierra


Solemnidad de Cristo Rey (Mt 25, 31-46)

No quiero que seáis usureros, y no lo quiero porque no lo quiere Dios. Pues, si lo quiere Dios, aunque no lo quiera yo, sedlo; si, por el contrario, no lo quiere Dios, aunque lo quiera yo, para su mal lo será quien lo sea. ¿De dónde resulta que Dios no lo quiere? De lo dicho en otro lugar: Quien no dio su dinero a usura (Sal 14,5). Creo que los mismos usureros saben cuán detestable, cuán digna de odio y cuán execrable es la usura.

Y ahora al revés: yo mismo; más aun, nuestro Dios, que te prohíbe ser usurero te ordena que lo seas. Se te dice: Presta a Dios con intereses. Cuando prestas así a un hombre es porque tienes esperanza de que te lo devuelva; y ¿te falla esa esperanza cuando prestas a Dios? Cuando prestas a interés a un hombre, es decir, cuando le haces un préstamo de dinero, por el cual esperas recibir más de lo que tú le diste -no precisamente siempre en dinero, sino en alguna otra cosa, como puede ser trigo, vino, aceite o cualquier otro producto-;cuando esperas recibir más de lo que entregaste eres un usurero y, por tanto, digno de reproche, no de alabanza. ¿Qué he de hacer pues, -preguntas- para ser usurero de forma útil? Considera lo que hace el usurero. Sin duda alguna, quiere recibir más de lo que da. Haz tú lo mismo: da cosas insignificantes y recibe cosas grandiosas. Considera cuanto aumenta tu ganancia. Da bienes temporales, recibe bienes eternos: da tierra, recibe el cielo. Quizá preguntes: ¿A quién debo darlo? El mismo Señor que te prohibía ser usurero se adelanta para que le des prestado.

Escucha la Escritura, que te indica cómo prestar al Señor. Dice así: Presta al Señor quien se compadece del pobre (Prov 19,17). El Señor no necesita de ti, pero tú tienes a otro que sí necesita: tú das a éste y recibe él. El pobre no tiene con qué devolverte; quiere hacerlo, pero carece de medios; sólo le queda la buena voluntad de orar por ti. Mas cuando el pobre ora por ti, es como si dijera a Dios: «Señor, he recibido un préstamo, sé mi fiador». Por tanto, si el pobre no puede restituirte lo que le prestaste, tienes un fiador solvente. He aquí que Dios te dice en la Escritura: «Da confiado, que yo devolveré». ¿Qué suelen decir los fiadores? ¿Qué dicen? «Yo devuelvo; soy yo quien recibe, es a mí a quien das». ¿Hemos de pensar que también Dios dice: «Soy yo quien recibe, es a mí a quien das»? Sí, en verdad, si Cristo es Dios -cosa que nadie duda-; Él dijo: Tuve hambre y me disteis de comer. Y como le preguntasen: ¿Cuándo te vimos hambriento?, respondió: Cuando lo hicisteis con uno de éstos mis pequeños, conmigo lo hicisteis. De esta manera se manifestaba como fiador de los pobres, como fiador de todos sus miembros, puesto que, si él es la Cabeza, ellos son los miembros, y lo que reciben los miembros lo recibe también la Cabeza.

¡Ea, usurero avaro! Mira lo que diste y considera lo que has de recibir. Si hubieses dado una pequeña cantidad de dinero y, a cambio de esa pequeña cantidad, te devolviera una gran finca, infinitamente de más valor que el dinero que le habías dado, ¡cuántas gracias no le darías, qué alegría no te embargaría: Escucha qué posesión te ha de dar aquel a quien hiciste el préstamo: Venid, benditos de mi Padre, recibid. ¿Qué? ¿Lo mismo que disteis? De ninguna manera. Disteis bienes terrenos que, si no hubieseis dado, se hubiesen podrido en la tierra. ¿Qué hubieses hecho con ellos, si nos los hubieses dado? Lo que iba a perecer en la tierra, se ha guardado en el cielo. Y es eso que se ha guardado lo que hemos de recibir. Se ha guardado tu mérito: tu mérito se ha convertido en tu tesoro. Mira, pues, lo que vas a recibir: Recibid el reino que está preparado para vosotros desde el comienzo del mundo. Por el contrario, ¿qué oirán aquellos que no quisieron prestar? Id al fuego eterno que está preparado para el diablo y sus ángeles. ¿Y a qué cosa se llama ese reino que hemos de recibir? Prestad atención a lo siguiente: Éstos irán al fuego eterno, los justos en cambio a la vida eterna (Mt 25,34-46).

Ambicionad esto, compradlo, prestad para alcanzarlo. Tenéis a Cristo sentado en el cielo y mendigo en la tierra. Hemos hallado cómo presta a interés el justo. Todo el día se compadece y presta a interés.

Comentario al salmo 36,3,6
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