Oración de las Madres Cristianas viudas por la fe de sus hijos


Padre y Señor nuestro, somos madres cristianas viudas. Creemos que tú eres padre de los pobres, defensor de las viudas y protector de los huérfanos. De ahí que, con toda confianza, recurrimos a ti buscando consuelo y fortaleza, pues a veces nos sentimos tristes y abandonadas. Creemos que tú eres el único que nos puede comprender plenamente. Por eso te damos gracias.

En especial te agradecemos el esposo que nos diste. Queremos aceptar con fe y alegría que ya descanse en ti. Tú sabrás recompensarlo. A tus manos lo confiamos. De ti lo recibimos, a ti lo devolvemos y en ti esperamos encontrarlo para siempre en la gloria.

Reconocemos agradecidas que nuestros esposos fueron un don y sacramento de tu amor para nosotras y nuestros hijos. Perdónanos porque no siempre supimos verlos y tratarlos según tus designios. Aunque nos falta su presencia física, sentimos, sin embargo, que nos acompañan espiritualmente en nuestros trabajos y proyectos.

Te bendecimos, Padre santo, porque tú lo dispones todo para nuestro bien. Deseamos cumplir tu voluntad, y queremos darte gracias siempre y por todo lo que permites que nos suceda.

Finalmente, te damos gracias porque en nuestro desvalimiento nos ofreces el ejemplo maravilloso de santa Mónica, que hizo felices a los suyos llevándolos a ti y alcanzando ella misma la plena felicidad en ti.

Al amparo de tan admirable intercesora, te presentamos todas nuestras preocupaciones repitiendo esta plegaria: ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

- Para que, como santa Mónica ya viuda, saquemos fuerza de la debilidad y seamos padre y madre de nuestros hijos en todas sus necesidades, sobre todo espirituales:
¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

- Para que sintamos la compañía de nuestros esposos que nos contemplan desde el cielo y ruegan por nosotras, y así podamos perseverar en nuestra vocación hasta el final:
¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

- Para que sepamos perdonar las ingratitudes y olvidar las ofensas causadas por nuestros maridos ya difuntos:
¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

- Para que, si brotara en alguno de nuestros hijos o nietos el germen de una consagración religiosa, sacerdotal o misionera, seamos generosas colaboradoras de su vocación:
¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

- Para que seamos prudentes y respetuosas con nuestros hijos y nietos en sus asuntos personales y familiares, sin privarles de nuestra colaboración en la construcción de sus hogares cristianos:
¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

- Para que, en nuestra condición de viudedad, Dios sea nuestro consuelo y fortaleza que nos permita experimentar la plenitud de vida, continuación y superación de la dicha que gozamos con nuestros maridos:
¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

- Para que en nuestro estado cultivemos con más ahínco la vida espiritual y el compromiso en las tareas apostólicas de la parroquia y de la Iglesia:
¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

-Para que busquemos con verdadero celo apostólico a las madres viudas como nosotras que se sientan solas o deprimidas, y logremos acercarlas a Dios:
¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

- Para que, en el trato con otras madres viudas, nos interesemos por sus necesidades, las acompañemos con prudencia y solidaridad hasta despertar en ellas su vocación cristiana, y logremos integrarlas a la vida de la Iglesia:
¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!


Oración a la Virgen María
Nuestra Señora de la Consolación

Virgen María, Madre de la Consolación, que te mostraste a santa Mónica ya viuda, y la consolaste dándole la inmensa alegría de ver cómo el Espíritu Santo transformaba la inteligencia y el corazón de su hijo Agustín haciéndolo cristiano; sé también nuestro consuelo.

Danos el gozo de ver a nuestros hijos y nietos firmes en la fe cristiana que en ellos sembramos desde su más tierna infancia, y felices por la sincera práctica religiosa. Amén.

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